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 Narraciones Ligeras

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SetanMaster
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Fecha de inscripción : 16/07/2014

MensajeTema: Narraciones Ligeras   Lun Oct 06, 2014 12:12 am




Aquí se guardan pequeños recuerdos que han vivido ambos clanes en conjunto, participando uno o más miembros tanto de Setan como EIEN, donde han tenido que trabajar juntos, para causas separadas, o mínimamente convivir.






Algunas reglas:
~Esta sección está exclusivamente para escribir One-Shots, si se quiere publicar una historia elaborada con varios capítulos, se deberá abrir un nuevo tema en el foro
~En todas las historias tendrán que estar involucrados ambos clanes sin importar cuantos miembros de cada uno participen, con un papel protagónico o relevante de ambos. Los eventos que involucren una intervención mínima de alguno de los clanes, se deberán escribir en la sección correspondiente ya sea para Setan (El libro de Opeth) o EIEN (Las crónicas de Dijana) en sus respectivos foros.
~Las historias pueden estar escritas en primera, segunda o tercera persona. No hay restricciones
~Si se quiere utilizar el personaje de otra persona, esto es con su previa autorización y siendo el dueño consciente sobre lo que se escribirá de su personaje. Si recibimos un reclamo, tenemos toda la autoridad de borrar la historia y sancionar a quien la escribió
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EIENMaster
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Mensajes : 166
Fecha de inscripción : 16/07/2014

MensajeTema: Re: Narraciones Ligeras   Lun Ago 10, 2015 1:31 pm



"Los Placeres de la Pobreza"

Parte I.

Ha estado lloviendo por horas. Comenzó a mitad de la noche y no se ha detenido hasta ahora. Las nubes son negras y espesas y por ellas no se distingue muy bien que el día ha comenzado en la ciudad de Theux. Pero ellos están despiertos, como siempre, desde muy temprano, listos para la vida que les trae el lugar más descorazonado de toda Bélgica.
En la cocina está una hermosa joven de cabello rojo vino. La rutina de siempre, había arrastrado los pies desde el camastro lleno de resortes que marcan su piel, y ahora está, como cada día, preparando algún desayuno de entre las pocas cosas que tienen en casa. Su hermano mayor sigue recostado en el sofá viejo que huele a tierra y pasto fresco, pero no está dormido. Tiene los ojos clavados en el techo de madera podrida, distraído por un pequeño río que lleva gota por gota a la lluvia a través de las tablas hasta arrojarlas al suelo, donde se forma un pequeño charco. Cuanta cada una de las gotas que caen, hasta que llega a contar dos veces veinte… Hoy es su cumpleaños.
Atraído por el olor de la sal y el tomate, se dirige a la cocina. Saluda a su hermana con un cariñoso y alegre “buenos días” y un beso en la frente. Ella suelta la cuchara de madera en la olla y lo rodea con sus brazos delgados y fríos.
-Feliz cumpleaños, Lex.
-Gracias, preciosa. – Ambos se quedan así por un instante, buscando en brazos del otro ánimo, ánimo para seguir adelante con su día, ánimo para creer que algún día será otro tiempo… uno mejor.
-Llama a Cliff, ¿Quieres? – pregunta ella volviendo a la cocina, mientras él se sienta a la mesa.
-Creí que estaba aquí contigo… - Ambos se miran con angustia… saben lo que eso significa.
Se abre la puerta de la entrada, que no es más que la madera roída de una vieja mesa que Lex había acomodado a falta de algo mejor, y entra un pequeño niño de diez años, pero su cuerpo pálido y bajo y la desnutrición latente en cada hueso lo hacen parecer menor de lo que es. Los enormes círculos alrededor de sus ojos son más negros que el día.
-Cliff… ¿Dónde estabas ahora?
-Fue el insomnio otra vez, ¿No, niño? – Le pregunta su hermano mientras ve que el menor está mojado de pies a cabeza por la lluvia y que el agua escurre por todos lados. Su rostro inocente lo hace parecer asustado. – Ven, hijo. No pasa nada. – lo invita a sentarse con él extendiéndole un brazo.
El pequeño va hasta su hermano y le muestra lo que lleva en la mano izquierda. Es una cajita pequeña y colorida que le extiende junto a una enorme sonrisa.
-Mira, Lex… - El mayor lo toma y abre entre sus dedos, y no puede evitar sonreír cuando se da cuenta de que su hermano menor le ha obsequiado un reloj de bolsillo muy pobre y algo roto del cristal, pero que era exactamente como el que hace unos días se había quedado observando detrás del ventanal de una tienda a la que seguro nunca tendría el dinero para entrar. – Es como el que te gusta… lo compré a la señora que se va a mudar.
-Gracias, enano… - Le dice con una enorme sonrisa. Y por último, el niño le regala un cálido abrazo que aparta el frío de la lluvia que soplan sus ropas. A Alexander no le importa que su vientre y pecho desnudos sientan el agua, lo único que le interesa es abrazar a su hermano.
Isis sonríe con ternura mientras remueve la sopa.
-Deberías ir a cambiarte, Cliff. No queremos que te enfermes.
-¿Vamos? – le pregunta el mayor. Ambos se ponen de pie y se dirigen a su habitación para cambiarse la ropa mojada.
Isis se queda a solas con el olor delicioso de una pobre mezcla de patatas, tomate y sal. Comienza a imaginar la música que hoy planea tocar, y la alegría se mezcla con el aroma del desayuno para llenar sus sentidos. Tararea una canción mientras mueve ligeramente las caderas. Lex y Cliff la observan entre risas silenciosas sin que ella se dé cuenta. Hasta que agarra la cuchara como guitarra y comienza a tocar una canción imaginaria, moviendo su cabeza con ritmo y dándoles inconscientemente un espectáculo a sus hermanos. Ambos ríen sin parar y es cuando ella se detiene de golpe. Hace un ademán de berrinche.
-Oigan… eso no es para nada cortés. – Pero la risa de placer de sus hermanos la contagia con rapidez, y comienza a reír con ellos sin parar.
-Vamos, vamos… eso es atracción de verdad… deberías hacerlo más seguido.
-Basta… - les pide entre risas. – fueron mis cinco minutos… seguro ustedes hacen cosas peores.
-Nosotros estamos cuerdos, ¿Verdad, Cliff?
El niño responde asintiendo una vez enérgicamente.
-Por cierto… ¿dónde está Vioré?
-No sé… ¿riendo de ti?
-Hablo enserio, Lex. No la habrás dejado afuera otra vez… está lloviendo horriblemente.
-Bueno… esa gata insiste en dormir sobre mi cara, y soy muy bello para que ella…
-Vioré… bsh bsh bsh… - La llama la pelirroja agitando el platito de comida de su mascota, una gata que habían encontrado en la calle a punto de morir de hambre y a la que Cliff había dado nombre para convencer a sus hermanos de rescatarla. La gata entra con el cuerpo empapado y se dirige a la comida que Isis le ofrece. Tanto ella como Cliff le dirigen una mirada regañona a Alexander.
-Bueno… ahí está… - le sonríe a ambos.
-Claro… siéntense, creo que esta cosa está lista…


--

Isis camina por las calles de Theux en dirección a la panadería que le encanta oler desde dos calles antes de encontrarla. El pan siempre se ve delicioso. Lleva su estuche de guitarra en la mano izquierda, la mirada clavada en el suelo lleno de charcos que reflejan su rostro.
Mira a su derecha, detrás de una enorme ventana está el regalo que planea comprarle a su hermano mayor: es una muy linda gorra Plana de algodón y lana que a Lex le había encantado. Es de color verde opaco y oscuro que se le vio perfecta cuando se la probó, antes de que el dueño los corriera a los tres por no tener dinero suficiente para comprarla. Se emocionó de pensar que con sólo un par de euros más le alcanzaría para comprarla.
Continúa caminando después de admirar su objetivo una vez más y llena de ánimos. Antes de llegar a la panadería, se sienta en el suelo, en el lugar más seco que encuentra, mientras la lluvia moja su cabeza, y ahora su instrumento musical. Y comienza a intentar ganarse la vida.
Toca los acordes con delicadeza, con movimientos poco profesionales, pero armónicos al fin y al cabo. Las mujeres pasan dándole una mirada de desaprobación, o quizá envidia. Pero los hombres… los hombres le sonríen, le guiñan el ojo, le lanzan palabras obscenas y miradas pervertidas. Algunos ni se molestan de darle limosna, sólo sus ridículas muestras de deseo.
Isis ya ha aprendido a ignorarlos, pero parece que hoy son más que nunca.
Ve como dos pies cubiertos por zapatos finos y secos se posan frente a ella. Alza la mirada cuando se da cuenta que aquel hombre no se irá hasta hablar con ella. Se encuentra con el rostro de un hombre rubio que porta en sus manos y cuello un montón de oro y joyas. Los ojos tan lujuriosos que no es sorpresa.
-Qué hermosa chica me vine a encontrar hoy… Ven conmigo, cariño, yo tengo lo que quieres…
Isis deja de deslizar los dedos por las cuerdas, y se prepara para guardad su guitarra y alejarse de ahí lo antes posible. Con pesados como éste ya ha tratado antes, y lo mejor es simplemente darle la espalda e irse. Pero el hombre la detiene con su mano que pone sobre el hombro de la joven.
-No te vayas… sólo es una propuesta. Ven conmigo. Note vas a arrepentir.
-Aléjese de mí… - le quita la mano con brusquedad. Ya ha guardado la guitarra y los tres euros que le han dado después de 4 horas.
-¡Vendrás conmigo! – le grita a la vez que golpea el estuche que, cerrado con prisas, cae en un charco y se abre con el impacto, dejando salir la guitarra y lanzando el dinero a la calle, donde se pierde entre los pasos ignorantes de la gente que está tan ocupada en sus asuntos que no se interesan en una chica acosada.
-¡Suélteme! – tira de su cuerpo y patea con fuerza la tibia del hombre, que se duele y la suelta por un instante, pero la alcanza con su mano con facilidad, y la jala violento hacia él.
-Dije que…
-Dijo… que la soltara.
Isis ve con asombro una mirada de interés entre la multitud. Un hombre de cabellos tan rojos como los suyos se acerca, la mirada azul clavada en ella. Sí, también hay lujuria en ellos, pero es opacada por un montón de cosas más que son mil veces más preferibles que aquel hombre que la lastima.
-Largo de aquí… Y tú… tú vienes conmigo… - comienza a tirar de ella, pero el pelirrojo lo agarra del brazo, lo obliga a giras sobre sus talones de un tirón, y lo impacta en la nariz con un golpe certero que lo hace estallar en sangre en un segundo.
-Lo siento, chico. Ya te lo habíamos dicho ambos…
El rubio se aleja entre alaridos, y la lluvia no es suficiente para limpiar su rostro de la sangre. Cuando se ha ido, el hombre se dirige a la chica.
-Hola… - Dice con seguridad en su tono, pero esta se disipa cuando se encuentra más de cerca con la belleza de la dama que acaba de rescatar… por un momento, el héroe conquistador se queda mudo. Isis sobrepasa la perfección.
-Hola… - le responde ella, sin fijarse en él y con los nervios anudados en su vientre y manos temblorosas. Sólo piensa en salir de ahí… ha perdido el dinero que tenía, pero dirige su mirada a la guitarra. Se da cuenta de que muy probablemente no podrá usarla de nuevo. – Gracias, señor… en verdad le agradezco… - le dice con voz quebrada. ¿Y ahora cómo ayudará a sus hermanos? El trabajo de Lex no les da mucho… y ahora ella será inútil.
-Oye, oye… tranquila… Ven, te llevaré a tu casa…
-No… no, está bien… gracias de nuevo, tengo que irme.
-Espera… no quiero que te pase algo.
-Puedo cuidarme sola, muchas gracias. – insiste en irse.
-No puedes hacer nada contra la lluvia… ten. – le ofrece un paraguas que abre para detener la lluvia. La pone en su mano, y por un instante la tela negra los cubre a ambos del agua que cae a cántaros. Por primera vez, Isis se olvida de su guitarra, de su dinero y de su futuro, y observa de cerca los ojos de su salvador. Tan intensos como quizá los suyos son. Ambos se miran por un instante, fusionando el color de su iris. Y es ahí que la lluvia enmudece, y los pasos de la gente dejan de ser ignorantes y distraídos, y se convierten en la nada. Sólo hay lugar para dos pares de ojos en el mundo, para calor y encuentros. La mano de él se desliza en la de ella, y ambos sostienen el bastón del paraguas, que los protege de la entrometida lluvia, nada puede interrumpir la escena entre ambos. Pero hay algo que logra entrometerse.
Isis se sonroja de inmediato y aparta la vista por inercia cuando su estómago ruge de hambre. Aparta su mano de la de él, y muy decidida se dispone a salir de ahí.
-Espera…
Ella se detiene antes de llegar a su guitarra olvidada en el suelo.
-Me llamo Durza… Durza Baranguer… - Ella se da media vuelta para verlo de frente otra vez. Él se ha adelantado y para cubrirla de la lluvia.
-Isis Crisvector… Gracias otra vez, señor Baranguer… pero debo irme… fue un gusto.
-Espera, Isis… Mira… - dice algo nervioso. – hay una panadería cerca de aquí... Permíteme invitarte… no es muy elegante, pero es delicioso… te dejaré en paz si mi compañía no te agrada… - miente. No la dejará… ya no. No después de aquella mirada.
La pelirroja no encuentra opción… o quizá se da la libertad de estar un rato más con él. Acepta.


--

La panadería es mucho más bella por dentro, y el olor es diez veces más intenso y delicioso. Isis nunca había entrado, pero se lo había imaginado tantas veces…
Durza la mira encantado, su sonrisa infantil, su mirada de niña con muñecas nuevas. Es mucho más hermosa así. Camina hasta ella y la toma de la mano, parece no importarle a la pelirroja.
-¿Cuál te gustaría pro…
-¡Éste! – le dice casi gritando con emoción. Siempre veía desde fuera un pan dulce que incluso parecía brillar, tenía mermelada de fresa en el centro y la forma de un caracol. Se veía delicioso, pero la gente del lugar la miró como si estuviera loca o fuera vulgar.
-Olviden sus envidias… - les dice con descaro Durza, defendiendo a Isis aunque ella no sabe muy bien por qué. – Que ella sea feliz no les perjudica en nada, viejas chismosas.
Y todos guardan silencio, y apartan sus ojos de la chica. Ella le sonríe y suelta una risita que le provoca a él hacer lo mismo.
Se sientan en una mesa después de pedir el pan, Durza comienza a preparar su té. Ella hace lo mismo con su café negro, ansiosa de probar el pan.
-Lamento lo de tu guitarra… - le susurra, y a la mente de ella llegan los recuerdos que, aun tan cercanos, se habían borrado.
Colocan el pan en un platito frente a ella, y hacen lo mismo para Durza. Pero Isis ya no sonríe… observa el pan como si ya no fuera una opción. Ya no tiene regalo para su hermano…
Una lágrima resbala por su mejilla, y Durza no tarda en darse cuenta de ello.
-Hey… oye, tranquila. Lo siento mucho… - dice mientras se apresura a levantarse y arrastrar su silla para ponerla al lado de la chica. Le extiende un pañuelo, pero no espera que ella lo tome, sino que él mismo limpia su rostro con delicadeza. – Tranquila… está bien…
-No… señor Baranguer… con ese dinero le quería comprar su regalo a mi hermano mayor… hoy cumple veinte años y… - se traba entre el llanto… - ahora sólo puedo verlo para decirle que no podré seguir aportando dinero a la casa…
Durza la mira con angustia… su corazón se hace diminuto al escuchar las palabras ahogadas de Isis, y se da cuenta de que oculta mucho más.
-Le agradezco por el pan… no sabe cuánto. Pero lo guardaré… se lo regalaré a Lex… seguro le gustara. – solloza. Intenta sonreír aun con ríos a cada lado de su rostro.
-No… no, no, Isis… - Le toma ambas manos con una. – Come, hermosa. Y cuando salgamos le compraré un pan a tu hermano… come, por favor.
Él puede ver en sus ojos que no aceptará más cumplidos u obsequios de su parte, así que la obliga. Parte su pan con cuidado, y le da un pedazo para que ella lo coma. Así no puede regalarle regalar un pan… luego se pone de pie y camina hacia el dueño, pidiéndole con voz tan alta para que ella escuche, un pan extra para llevar. Le lanza una mirada, y ella le sonríe con lágrimas aun brotando, y un trozo de pan en su boca, y por primera vez, su paladar se excita en el deleite del sabor.

--


-Ahí estás… te he estado buscando… - entra un hombre por la puerta, haciendo sonar una pequeña campana a la entrada.
-Hannibal. Mira, te presento a Isis Crisvector. – el aludido gira en la dirección que le indica su amigo, y al toparse con los ojos divinos de la chica, se le olvidan los regaños que había estado planeando darle a Durza los últimos 20 minutos. Se guarda sus comentarios por un momento. – él es Hannibal Lecter… un amigo, o conocido… no recuerdo. – ella ríe ligeramente.
-Mucho gusto…
-Estamos por salir. La acompañaremos a su casa. – dice mientras ella le da el último trago a su café, y le dice con la mirada a Durza que está lista y más que agradecida. Se ponen de pie, y ella se adelanta mientras Durza toma la bolsa de papel con el pan de Lex dentro.
-Vaya, Du… es mucho más hermosa que las que llevas al apartamento…
-Cállate, Hannibal… No se te ocurra decir algo así frente a ella. Mis intenciones son ahora muy distintas, sábelo.
-Claro… ¿Tanto así te impactó?
-¿Y a ti no?
-Bueno… yo…
-Yo la vi primero, amigo… - le golpea la espalda ligeramente, y salen de la panadería.
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EIENMaster
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MensajeTema: Re: Narraciones Ligeras   Lun Ago 10, 2015 4:08 pm

"El Placer de la Pobreza"

Parte II

Han llegado a un barrio pequeño y apretado. Los niños juegan afuera con botes y el agua que aun cae del cielo. La gente parece estar feliz bajo un techo de lámina construido a mano, mientras ven a sus niños jugar en la lluvia, hablando entre ellos de quién sabe cuántos temas interesantes. Llegan hasta una casita hecha de piedra con una puerta que más bien tiene la forma de una mesa alzada. Durza le lanza una mirada a Hannibal, y ambos parecen dolerse de la situación de los Crisvector. Isis pasa primero, el lugar está muy limpio pese a la pobreza, y de inmediato asoma la cabeza Cliff, con un libro entre las manos.
Los dos adultos le sonríen y agitan sus manos en saludo, pero el tímido niño va hasta su hermana y abraza sus faldas para ocultarse. Ella se ríe.
-Él es Cliff, mi hermano menor… Ellos son los señores Baranguer y Lecter…
Cliff los mira un tanto asustado, pero logra sonreírles a duras penas.
-¿Dónde está Lex?
-Termina de bañarse… lo dejaron salir antes por ser su cumpleaños… - le responde el menor en una voz exageradamente baja, pero que por costumbre ella logra entender.
-Bien, podemos esperar. – le sonríe a sus invitados.
-Toma, Isis. Este es el regalo que le darás tú. – le extiende una bolsa de tela a la pelirroja, que lo mira extrañada. En ningún momento lo vio entrar a una tienda, y sabe que no se trata del pan, pues ese lo tiene Hannibal en una mano. Abre la bolsa y se encuentra con la gorra que minutos atrás y de camino a su casa le hablara diciéndole que ese sería el regalo de su hermano… abre los ojos como platos en señal de clara sorpresa.
-Señor Baranguer… no… no puedo.
-Calma Isis… - la detiene Hannibal. – El pan es de nuestra parte, y la gorra es tuya… Trabajaste por ella, no creas que es caridad… es una recompensa.
-Gracias… - susurra para ambos… - Muchas gracias…
Alexander sale al encuentro de todos con nada más que un pantalón despintado y una toalla rodeándole el cuello. El cabello sigue mojado y le escurre por el cuello. Los mira a todos y sonríe sin saber qué más hacer.
-Feliz cumpleaños, Lex. – le dice Hannibal y deja la bolsa de papel con el pan sobre la mesa. –
-Soy Durza Baranguer, y él es Hannibal Lecter. Conocimos a tu hermana esta tarde… ¿Podemos hablar un minuto?
-Por su puesto… y gracias. – agregó por el regalo. – soy Alexander Crisvector. Siéntense… Les ofrecería algo pero…
-No es problema, Lex, gracias. Ven, Isis.
Ella se sienta en una silla al lado de su hermano, quedando igualmente cerca del asiento de Durza. Pero Hannibal sigue de pie, observando como el menor sale de la cocina y se dirige con su libro a los sillones.
-¿Hannibal?
-Ahm… Lex,¿Te importaría si sigo a tu hermano un momento?
-Adelante… están en su casa. – le sonríe. Hannibal asiente con la misma sonrisa, y se dirige a Cliff.

--


¿Qué lees?
Cliff no responde de inmediato. Lee un poco más para terminar su párrafo, y Hannibal sonríe al darse cuenta de lo que hace. Y entonces el menor cierra el libro y lo extiende para mostrarle la pasta vieja a Hannibal.
El Conde de Montecristo… - lee. – Es una gran historia… - Se pone de pie para llegar al sillón en el que está el niño, y se sienta a su lado. – Lamento haberte interrumpido… ¿Sabes? Yo también hago eso, me molesta que la gente me distraiga de una buena lectura… sólo lo verdaderos lectores terminan un párrafo antes de contestar… Para no perderse ni un detalle… ¿Te está gustando el libro?
Sí… pero es la cuarta vez que lo leo… Lex me lo obsequió hace dos años, y es el único que tengo… pero me gusta mucho. – le contesta con un tono alegre pero muy bajo. Hannibal apenas logra escuchar, y su ceño cambia cuando se da cuenta que un niño es capaz de ser feliz con sólo buenas intenciones. Rapidamente le extiende la mano para saludarlo, ha olvidado presentarse, y quiere saber el nombre del niño… y cambiar de tema, tal vez.
Soy Hannibal Lecter… - le dice, pero el pequeño sólo mira su mano en el aire, sin saber qué hacer. Lo mira con sus penetrantes ojos verdes llenos de duda, como pidiéndole auxilio y preguntándole qué debe hacer ahora. – Tú… sólo toma mi mano… es un saludo… - Cliff vuelve a mirar la mano del adulto. La rodea con ambas manos que parecen diminutas a su lado, y sonríe al contacto con Hannibal. El mayor también lo hace, una sonrisa tierna y melancólica, se da cuenta de que el niño no tiene mucho contacto con otras personas… que de hecho está siempre solo. Y se identifica con él.
-Soy Cliff Crisvector… - le contesta.
-Y dime, Cliff… ¿Por qué no sales a jugar con los otros niños?
-Es que… es que a veces me enfermo… y Lex no tiene para comprar medicinas… yo no quiero darle molestias. Me gusta estar aquí.
Hannibal vuelve a arquear las cejas con angustia y dolor.
-¿Y tus amigos?
-Isis y Lex son mis amigos… - agacha la mirada, como con miedo o tristeza, sus ojos ocultos no le pueden comunicar nada a Hannibal, pero él lo entiende.
-¿Me dejarías ser tu amigo? – Su pregunta causa que Cliff lo miré a los ojos directamente, con los suyos llenos de excitación y felicidad. Asiente con fuerza mientras, sin borrar su enorme sonrisa, dice que sí con energía. Hannibal se contagia de su felicidad, y por un instante le provoca abrazarlo, como el abrazo que sabe él necesitó alguna vez… pero se detiene al no saber cuál sería la reacción del niño, y se limita a acariciar su cabeza. El menor, por costumbre o afecto tal vez, se acerca más a él y se apoya en el brazo de Hannibal, coloca el libro para que ambos puedan leer, y sin decir palabra lo invita a leer juntos. Hannibal siente calor en su pecho, y sin darse cuenta se encariña con el niño. Y sólo sigue acariciando su cabello.

--

-Lo que les digo… nuestro apartamento es grande… demasiado, y estoy seguro que los tres se sentirán muy cómodos ahí.
Isis aprieta la mano de Alexander, y ambos se lanzan una mirada indecisa.
-Mire, señor Baranguer… - comienza Alexander.
-Llámenme Durza.
-Durza… - se corrige el joven, con una media sonrisa. – Ustedes son muy amables… pero no podemos aceptar… a penas los conocimos hoy y…
-Entonces me dedicaré a ganarme su confianza primero… Y la propuesta seguirá abierta hasta que ustedes acepten. – acotó.
-Señor Baranguer… - habló la tercera, casi negándose a faltarle al respeto llamándolo por su primer nombre, según sus ideas. – Perdí mi guitarra… no podría aportar nada…
-Y mi trabajo en la construcción es pésimo de paga… seríamos un estorbo para ustedes…
-No y no… de eso mismo quería hablarles. Soy el presidente de una compañía de moda en Rumania. Hannibal y yo estábamos aquí de visita, y dio la casualidad que me topé con ustedes… - los hermanos se miraron extrañados. – Les explico… desde el momento en que te vi – dijo mirando a Isis – pensé en proponértelo… y ahora que veo a Alexander me lo confirmo yo mismo… Isis… ninguna de las modelos que hemos tenido jamás te llegaría a los talones… Es hora de cambiar de rostro a la compañía, y tú eres perfecta… y tú, Lex, que de algo te sirva tanto trabajo físico… serías un estupendo modelo… ambos ganarían bien y podrían cuidar de su hermano… y si vivieran con nosotros… - “sería perfecto,” se calla al final. Mira a ambos con ansias, en verdad desea escuchar un sí.
-Señor Baranguer… - apenas sopla la joven.
-Tomaré eso como un sí… ambos están contratados.
-No podemos mudarnos así nada más…
-Isis… ya te lo dije, si es falta de confianza, no haré otra cosa que no sea intentar convencerlos… Pero lo lograré, siempre he sido muy persuasivo. Y les repito, mi propuesta estará abierta hasta que acepten…
Isis suelta un aire parecido a una risa corta. Mira a Lex, sus ojos tan brillantes como los de ella. Su vida parece cambiar. Ella le pide permiso con la mirada a Lex de ponerse de pie, y los ojos de él dicen “que sea por los dos.” Así que Isis se pone de pie de prisa, y corre hasta Durza para rodearlo con los brazos y apretarlo contra ella fuertemente entre lágrimas. Lo abraza, como le pidiera su hermano, por ambos, llena de gratitud.

--

-Creo que es hora de irme, Cliff. Tengo una reunión importante… pero recuerda lo que te dije, ¿sí? Y te aseguro que así podrás dormir toda la noche. – le dice con énfasis.
-Sí, Hannibal. – le sonríe con alegría, a pesar de desear con todas sus fuerzas que se quede. Por aluna razón ha esperado el momento de poder despedirse de él, y Hannibal lo nota con rapidez, extendiendo su sonrisa al darse cuenta de cuán similares son sus pensamientos…
-Adiós, amigo. – le extiende los brazos. - ¿Puedo abrazarte?
El niño no responde. Se hecha hacia Hannibal y lo abraza con gran afecto y ternura sin medidas. Hannibal le acaricia la cabeza algunas veces antes de separarse. Nota con gusto que en ningún momento su sonrisa se ha borrado. Sale de la habitación y llega hasta donde están los otros tres, con Cliff siguiendo sus pasos.
-La reunión… - le anuncia a su amigo.
-¡Cierto! Malditos deberes… tan alegre que está uno aquí con los Crisvector… - mira a Cliff que se esconde detrás de Hannibal como lo hiciera con Isis una hora atrás. Le sonríe primero a él y luego a Hannibal. Ya se imaginaba que ambos se harían buenos amigos. También a él le recordaba a su amigo de más joven.
Se ponen todos de pie. Durza estrecha la mano con Alexander mientras le desea feliz cumpleaños, y ahí es que Cliff aprende lo que debió haber hecho. Avergonzado, mira a Hannibal, quien le sonríe y se lleva un dedo a la boca. Cliff le sonríe igual.
Durza le extiende una temblorosa mano a Isis, pero ella se aparta de toda seriedad y le da un fuerte abrazo que Durza responde con alegría.
-Tienes una familia maravillosa. – Le dice Hannibal a Lex con una mano apoyada en el hombro del chico. – Feliz cumpleaños… espero verte pronto y que acepten todo lo que este sujeto les ha propuesto…
-Muchas gracias… por todo. – Ambos se dedican una sonrisa.


--

El día anterior ha sido perfecto. Ahora Isis se cepilla el cabello, preparándose para ir a ver al señor Baranguer en su nuevo trabajo.
-Vamos, Lex… ni siquiera estás listo…
-Es muy temprano… y ya estamos contratados… ¿No entendiste?
-No abuses de su confianza…
-Bájale, compañera… No abuso… - luego corrige su tono. – enserio... te fuiste a encontrar a las mejores personas…
-¿Verdad? Creo que incluso a Cliff le agradaron… por cierto…
-Sigue durmiendo… - le dice con una enorme sonrisa. Ambos se dirigen rápidamente a la habitación de Cliff, donde se encuentran con su pequeño cuerpo acurrucado entre las sabanas de su camastro, y durmiendo como nunca lo han visto dormir. – Shh… anoche me contó que hizo un “mejor amigo” – le susurra a su hermana. – Y que le enseñó a aliviar su dolor de cabeza para poder dormir…
Ambos se alejan de la habitación para poder hablar más claro.
-Lex… - le dice al borde de las lágrimas. – Estuve pensando y…
-Sí, Isis… yo también. Por más que busco no encuentro malas intenciones en ellos.
Ella le sonríe aliviada… piensan en una misma respuesta para darles.
-Lex…
-¿Sí?
-¿Dónde está Vioré?
De pronto su sonrisa se borra… y traga saliva con un ademán exagerado.
-Quería dormir en mi rostro… y ahora literalmente vivo de él.
-Déjala entrar, idiota.
-Ya voy, ya voy. – dice entre risas. Isis lo golpea en el brazo, pero no puede evitar que Lex la contagie con su risa.
Va a la cocina para comenzar con el desayuno, pero cuando se gira a preguntarle a Lex que quisiera comer, se encuentra con que tiene en su mano una canasta adornada con muchas cosas en su interior y una nota en el borde. La gata ya está comiendo.
-¿Qué es eso?
-Bueno… él dijo que se dedicaría a conseguir nuestra confianza…
Isis lo mira extrañada. Se acerca a la mesa, donde Lex coloca la canasta, y lee la nota que dejaron, escrita con dos tipos de letra:
De tu Señor Baranguer.
Y Hannibal Lecter.
Lo primero que saca de la canasta es una bolsa adornada que contiene una docena de piezas de pan de la panadería con que tanto soñaba Isis.
Alexander toma un panecillo y se lo lleva a la boca, masticando mientras saca de la canasta un par de libros nuevos de primera edición, según le dice Isis sorprendida.
-Debieron costar una fortuna… ¿Cómo consigues libros de primera edición de un día para otro?
-Tiene algo dentro…
Isis abre uno de los libros en la primera página y lee en voz alta:
-Disfruta de la lectura, Cliff. De tu amigo, Hannibal… - hace una pausa. – ese hombre es un encanto…
-Claro… aunque tú lo dices pensando en Durza…
-¡Cállate, Lex! – le exige sonrojada. Ante la risa de su hermano, sólo encuentra escape al sacar de la canasta un pequeño oso de felpa que abraza un corazón de seda que tiene grabado en letra cursiva “Tibbers.”
-¿Y ese oso?
-No sé… pero es lindo…
-¿Aún lo dices pensando en Durza?
Isis le arroja una mirada amenazante, pero nuevamente es contagiada por la risa de Alexander.
Por último, sacan dos pares de cajas blancas pequeñas, y nuevamente aparece una nota de Hannibal para Cliff.
-Es…
-¡Es medicina!
-¡No puede ser! Lex… esto es demasiado… debieron haber gastado…
-Isis… Isis ¡Isis! Creo que con esto se ha ganado nuestra confianza… estas personas nos cambiaron la vida… por completo.
-No podemos aceptar tanta…
-Isis… No lo hicieron con mala intención… y estoy seguro que no aceptarán un no.
-Lex…
Ambos se miran a los ojos, brillantes como el sol. Se abrazan fuertemente, y nuevamente ambos se quedan así por un instante, ya no buscando, sino encontrando en brazos del otro ánimos, ánimos para seguir adelante con su día… con sus vidas, ánimo para confiar que pronto será otro tiempo… uno mejor.
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Narraciones Ligeras
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