Elige tu camino: Las frías tierras de Ucrania con el clan Messiah, o bien, el infierno junto con el infame clan de demonios élite, los Setan. ¿Te atreves?
 
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EIENMaster
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MensajeTema: ~Entidad.~   Jue Oct 02, 2014 7:31 pm


"He de prepararlo todo. Las quimeras se exponen como certeras. No es hora aún... y por conveniencia he de guardar silencio por el momento. Nada será traslucido hasta que llegue el tiempo. Pero verídico es que aquel evento algún día sobrevendrá y aquellos relacionados se verán afectados por la desgracia y la calamidad. La catástrofe ya es inevitable.
Contando sesenta lunas a partir de hoy, acaecerá aquel evento, una acción que desencadenará el caos, y brindará un fin estricto y cabal a lo que hoy se teme más que a cualquier otra cosa en el universo... Ah, si tan solo no fuera temporal.
Aún he de asegurar que todo se dirija a un mismo punto. Tengo mucho por hacer en tan poco tiempo. Sea leído este recordatorio, y que el futuro esté siempre bajo mi jurisdicción.
Salve ANBU"


Dijana Ditler, La Oráculo Suprema.


Última edición por EIENMaster el Jue Oct 02, 2014 7:43 pm, editado 2 veces
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EIENMaster
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MensajeTema: Re: ~Entidad.~   Vie Oct 03, 2014 6:46 pm

Prólogo.

 
     El viento golpea mi rostro con fuerza, haciendo que mi cabello dance en mis mejillas. Veo aquellas casas y cabañas, y los recuerdos se retuercen en mi mente, con un efecto desagradable en mi arremolinado estómago.
      -No tardaremos mucho. – Logro escuchar. A mi lado se encuentra Kyrara… mi pareja ANBU, quien también observa aquellos techos débiles. Detrás de mí se burlan ocho asesinos más. Doun, el rubio que odio más que a nadie, me mira con esos ojos deseosos que siempre usa en mí. Vuelvo la mirada al objetivo principal, y solo después de que la mitad de ellos han avanzado, preparo mis cortas espadas de apenas treinta centímetros. Una en cada mano, dispuestas tanto como yo de derramar aquella sangre…
      Corro sin detenerme a pensarlo. Veo a pocos metros que Lina, otra miembro del grupo, clava sus uñas en el cuello de un anciano que protege con sus pocas fuerzas a un niño que grita con horror. Kyrara y Encarso comienzan a encender las pequeñas casas en llamas y el humo llena con prontitud el lugar.
      El caos se apodera de la situación, y los gritos, llantos y huesos rotos inundan mis oídos. Alcanzo con mi espada de la mano izquierda la espalda de una mujer que conozco. Sé que tiene esposo y una hija, pero no importa ya. Corto el cuello de un hombre joven, y al ver sus inactivos ojos en el suelo recuerdo cuando jugábamos juntos. Hago dos cortes profundos en el pecho de quien fue amigo de mi padre en su juventud. Me baño con la sangre de mis conocidos y familiares… y percibo ese olor. Olor a sangre, el olor de mi propia sangre derramada por mi propia mano.
      Debo detenerme, me agito y deseo parar, pero no puedo. Comienzo a correr hacía el lugar que considerara mi hogar alguna vez. Veo dos cuerpos adultos caer y a Kyrara de pie frente a ellos, sonriéndome.
      Lucen como mis padres, pero sé que no son ellos. Son dobles… distracciones. Pero no digo palabra del tema. Corro a la habitación de mi hermano mayor, pero no está ahí. Comienzo a asustarme, pero aún siento su corazón latir. No está muerto.
      Escucho un grito infantil, como el inicio del llanto de un bebé. Me apresuro a llegar a la habitación de la cuna, de dónde provino el ruido, y los encuentro a ambos ahí. Alexander cubre la boca de Cliff y, al verme, lo cubre con su pecho, como apartándolo de mí. Sus ojos se humedecen, y todo él deja de moverse. Está paralizado. Observo a Cliff, mi hermano menor, pero solo logro ver su cabecita, con esos cabellos tan rojos como los míos, y me pongo en un predicamento.
      Traicionar a ANBU, como lo planeo, me costaría la vida y, probablemente, la de mis hermanos. He de arriesgarme, a que sea yo y quizá ellos, a solo verlos morir.
      Me acerco y tomo a Cliff en mis brazos y a Alexander  de la mano e intento levantarlo. No se mueve por él mismo, algo más profundo que su consciencia lo hace caminar. Se deja llevar por el instinto así que corro hasta salir de esa casa… nuestra casa.
      Los llevo a las afueras del pueblo, cerca de un río donde hay cuevas muy pequeñas. El calor del sol golpea mi espalda, torturándome por esta decisión precipitada, pero no me arrepiento ni doy vuelta atrás. La mano de Alexander está helada, pero lo siento sudar. Su pálido rostro tiene una mirada perdida, y sus lágrimas acompañan el llanto de Cliff. Está completamente en estado de shock.
      Los escondo en un pequeño espacio formado de grandes rocas en donde apenas cabemos los tres. Regreso a Cliff a los brazos de Alexander  y miro a ambos. Mi corazón se agita y, sin darme cuenta, dejo de respirar. Con el dolor más intenso que he sentido en mi vida, reconozco en los ojos de mi hermano mayor que jamás podrá perdonarme.
      Obligada por mí misma, uno la palma de mi mano con la frente de Alexander, y comienzo a absorber todo recuerdo que lo ligue a mí. Tantas cosas compartidas, tantas risas y juegos. Tanto amor. Comienzo a llorar sin poder detenerme, y al sollozar inhalo todo el aire que me hacía falta desde hacía unos minutos.
      En sus ojos veo la duda. Ya no me reconoce, y retrocede al ver mis armas y la sangre de mi familia esparcida por mi ropa. Aun lloro, pero debo apresurarme a regresar con los otros. Rodeo con mis brazos el cuerpo de Alexander y lo aprieto contra mí con tanta fuerza que me duele el pecho. Lo lamento tanto…
      Sin darme cuenta de cuánto tengo abrazándolo, lloro en su hombro. Él no se aleja de mí. Vuelvo la mirada a Cliff, quien llora en los brazos de Alexander. Beso con delicadeza y dolor su frente y mejilla, y dejo caer una lágrima que se fusiona con el rastro de su espantado llanto.
      Me duelo en silencio, y salgo temblando de aquella cueva.
      Seco mis mejillas y enmudezco el sollozo. Me dirijo con firmeza a Astra, mi pueblo. Aún tengo gente que asesinar.
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EIENMaster
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MensajeTema: Re: ~Entidad.~   Vie Oct 03, 2014 8:54 pm

Capítulo 1.
“Cólera.”

    Hay muy poca luz en el gran salón. Sólo un par de antorchas intentan decaídas iluminar los negros suelos de la estancia ANBU. Es un ambiente pesado y fúnebre que sofocaría a cualquier alma inocente que se atreviera a entrar en aquella torre.
    Los asesinos inclinan sus cabezas cubiertas por telas viejas que cubren hasta sus ojos, y muestran reverencia ante su líder. Dentro de la cabeza de Isis, la sangre de su gente se derrama lenta y espesa, y el fuego consume todo lo que alguna vez conoció. Comienza a temblar, y el dolor se esparce por su columna. Aprieta los dientes con mayor fuerza que sus puños, y siente como un golpe de calor ataca su frente perlada. Siente presión sobre su pecho y su vientre, jamás imaginó que acabar con la vida de esa gente le fuera tan doloroso. Isis nunca había ganado afecto por ellos.
    Agradece en silencio que Élandra, una de los diez asesinos que atacaron Astra, comience a hablar, interrumpiendo cabalmente sus pensamientos ahogadores.
    -Está hecho. El Ojo Blanco es para usted, mi  señor. – La mujer vestida de negro avanza con delicadeza y gran silencio, dirigida a las manos de Z, extiende un cubo de cristal que dentro guarda una luz blanca tan resplandeciente que en un momento llega a iluminar la estancia como si un relámpago cayera a los pies de todos.
    El Ojo blanco… una de las pocas técnicas oculares en el universo, y, sin duda alguna, de las más poderosas. A Isis le pulsa la cabeza por quinta ocasión desde que entró a la torre. El Ojo Blanco debería pertenecer solo a los Crisvector, a ella, a su gente.
    Z no pronuncia palabra, y observa con detenimiento aquella nueva adquisición. Esconde su luz enredando el cubo con sus largas manos, mientras sonríe para sus adentros.
  Apesadumbrada, la pelirroja gira sobre sus talones y comienza a caminar a pasos pesados. Empuja a quien le estorba sin darse cuenta de quién sea, y sale de la habitación, liberando un suspiro inquieto y perturbador.
    Detrás de ella, Doun sonríe de lado y avanza en dirección a su presa. Libera su rostro apartando la capucha oscura de su cráneo con ambas manos, y comienza a silbar de manera sarcástica mientras se acerca a Isis, quien también se ha dejado del capuz. Ambos avanzan por un pasillo estrecho iluminado por unas pocas antorchas que apenas dan luz a su alrededor. El silbido se sigue de un eco creado por los muros de piedra gris, y se convierte en el único sonido en el pasillo.
    La joven finge no percatarse de la presencia de Doun, y decide entrar a la habitación más cercana, sin prestar atención a lo que esta era. Deja la puerta abierta, el corazón le late con fuerza pero muy lentamente, golpeando con dureza y acompañado el sonido de aquel desesperante silbido. Su respiración es ruidosa, pero no lo nota. Por alguna razón, Isis se siente nerviosa.
    Odia en gran manera al rubio, y por eso mismo decide encarar lo que éste tiene que decir. Se sienta sobre una mesa de madera larga llena de libros y frascos medio vacíos. Procura no temblar más, cruza sus bellas piernas y muestra su rostro lleno de seguridad hacia la puerta.
    La pequeña habitación se ilumina únicamente por el fuego débil del pasillo y la luz de una luna distante que entra por el cristal de una ventana vieja y descuidada.
    Con una enorme sonrisa burlona, Doun entra por la puerta abierta, mirando con unos ojos llenos de odio y lujuria a la Crisvector. Se queda de pie frente a ella, y coloca sus manos cerca de las caderas de Isis, una a cada lado, acercando su rostro que aún huele a sangre. La luz plateada va directa a sus ojos, y el resto de la habitación queda en una oscuridad casi total.
    -¿Qué es lo que buscas, Doun? – Intenta mantener su postura firme, imperturbable. Ignora su cercano cuerpo y los brazos que rozan su piel.
    Doun no contesta. Ella aguarda cinco segundos, mirándolo a los ojos con el mismo odio que hay en los de él, pero sin la lujuria que se vuelve palpable en el caso del rubio.
    Empuja con su codo el pecho de Doun, y camina sin rumbo para alejarse de él. Cuando por fin se siente segura, da la media vuelta y vuelve a registrar esa mirada llena de libido que se fija en ella. Él se vuelve a acercar, y ella retrocede dos pasos.
    -Acabo de descubrir la única forma de vencerte, preciosa. – Dice sonriendo de manera sarcástica.
    Isis intenta salir de la habitación. Quiere alejarse de aquel tipo que tanta cólera genera en su garganta. Siempre atribuyendo al deseo de ella de clavarle una daga en su pecho.
    Él la toma por el brazo, y aprieta con fuerza, aferrando sus dedos para no dejarla ir.
    -Suéltame, Doun…
    -¿Qué ocurre, Isis? – pregunta con tono socarrón. – La pelirroja que yo conozco habría golpeado mi torso, rompiendo algunos huesos… y habría salido con la digna elegancia con la que siempre te mueves… -  sonríe enseñando todos los dientes. – Y tú, en cambio, pides que te suelte… Ah… ya entiendo… Estás muy pensativa, vagando por otros mundos, ¿No es así?
    Isis tira de su brazo, zafándolo del agarre de Doun. Lo mira con una intensidad bien marcada. El miedo y el odio se presentan en sus hermosos ojos verdes y, pese a los nervios que renacen en su vientre, no aparta la mirada del rubio.
    -Permíteme tranquilizar tu atareado cuerpo. – Se acerca rápidamente, intentando de manera brusca besarla. Isis se aparta antes de que él la toque y levanta un brazo, lista para golpear su vulnerable rostro. Pero la detiene mientras ríe en voz alta. Atrapa con su mano la muñeca de Isis, y la mira directamente a los ojos. Se apresura a tomar la quijada de la chica con su mano libre, y aprieta sus mejillas para que cualquier cosa que ella intente decir sea incomprensible y sólo él pueda hablar. La empuja sin delicadeza alguna al lugar donde la había encontrado minutos atrás.
    Isis arquea su espalda por el dolor, y Doun atrapa su otra mano con la rodilla, dejando a Isis apoyada en la mesa de madera en la que ya antes la tenía acorralada, pero de una manera aún más tosca.
    Vuelve a acercar su rostro al de ella, pero no para besarla esta vez, sino para llegar a su oído y pronunciar con un tono severo su amenaza.
    -Sí… ahora recuerdo… Estás absorta en tus pensamientos… recordando la traición, ¿Me equivoco? No… no me equivoco… Estás buscando la manera de engañarlos a todos de nuevo, quieres librarte de está. Pero te olvidas de algo muy importante, cariño. Esa bruja ciega lo sabe… lo sabe todo… - ahora cambia su tono… se ha vuelto más sarcástico e indiferente…  parece no importarle ahora, pero Isis sabe que se ha vuelto tan importante para él como para ella… Doun la vio, sabía que Isis había desobedecido a Z… y eso la ponía en una terrible situación. Se aleja de ella y le da la cara, pensando en ella como una niña asustada que tiene bajo su control. – Sí… Dijana debe saberlo desde hace tiempo… pero al parecer Z no lo sabe… así que ella no ha hablado aun… Pero yo, preciosa… yo también lo sé. Será mejor que te comportes conmigo de ahora en adelante, niña. Porque si no me cumples lo que quiero… Z te asesinará… y a esas cosas que intentaste proteger también.
    Doun le da la espalda. Camina hacia la puerta de la pequeña biblioteca muy orgulloso de sí mismo… De pronto siente un metal frío que toca su cuello, y se detiene de golpe mientras esboza una enorme sonrisa.
    -Ruega a quienquiera que creas es tu protector… - le susurra  con ira en el oído y apretando con fuerza los dientes. – que Z me mate hoy mismo… porque te juro… que por sobre todos lo que se atrevan a hacerme daño a mí o a mis hermanos… tú lo pagarás caro.
    En un abrir y cerrar de ojos, Doun es el único presente en aquella habitación. Isis se ha ido dejando solo al rubio. Él se lleva la mano a la garganta, limpiando la línea de sangre que resbala por su cuello mientras ríe pensando: >>Esa es la Isis que deseo<<.
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MensajeTema: Re: ~Entidad.~   Sáb Jul 04, 2015 11:59 pm

Capítulo 2.
“Confinada.”

       -Doun es un imbécil. – Acota Helena después de escuchar las histéricas palabras de la miembro más joven de la organización. Isis había decidido platicar lo ocurrido con Doun a una de las pocas personas que no odiaba en la Organización. Y a pesar del estrés incontrolable y una lengua más veloz que precavida, la pelirroja había decidido guardarse el origen de la disputa, una idea encerrada en su cabeza que atormenta y vuela embistiendo con miedo y presión; su traición contra ANBU. – Debe ser terrible para Lina tener que trabajar a su lado todo el tiempo… - suspira débilmente… Helena es una mujer joven muy hermosa. Su bello rostro es una combinación de una limpia y muy clara piel, un cabello profundamente pétreo, y unos ojos intensamente rojos, igual que sus gruesos labios siempre maquillados de rojo sangre.
       Isis solía platicar con ella en ocasiones que requerían un desahogo diligente, y hoy era una de esas ocasiones.
       -Me está chantajeando… - habla parca de gestos o ademanes. Helena apenas logra escuchar su decaída voz.
       -¿De qué hablas? – pregunta con sincero desasosiego. - ¿Te hizo algo? – En ocasiones Helena actúa instintivamente como la hermana mayor de Isis, debido al aprecio que le tiene. Se aproxima a ella tratando de verla a los ojos que mantiene perdidos en el suelo gris.
       Isis siente una leve agitación en su espina dorsal. Alza la mirada de golpe para encontrarse con una alarmada expresión en el rostro de Helena. ¿Por qué le ha dicho eso? No tenía necesidad. Su corazón grita espantado, ruge contra Isis y provoca dolor en su pecho. Está nerviosa. Ha cometido un error.
       -Olvídalo… tengo que salir. – Isis no le da tiempo a su compañera de seguirla ni responder. Sale disparada de la habitación encaminándose a un lugar más solitario, donde la oscuridad pueda adormecer su miedo.
       Avanza con gran prisa, rosando con su piel el áspero muro de un pasillo callado y negro, alterada… oscilante. Ha dejado entreabierta una ventana que deja pasar unos rayos de luz a la verdad, le ha dicho a Helena tres simples palabras que pueden revelar lo que ha hecho, ¿Y por qué otra razón se chantajea a las personas?
       Poco a poco, un timbre hermoso irrumpe en el aire húmedo, y la voz tan melodiosa de una mujer va relajando los tensos músculos de la pelirroja, va sedando el pánico. Cierra los ojos por un momento y se recarga contra la pared, descansando por un momento de la realidad de su vida. Decide soñar despierta con el pasado, un tiempo en que no era ella misma y en el que podría haber decidido ser diferente, ser inocente y atreverse a mentir a su propia alma y desaparecer.
       -Veo que te gusta… - le interrumpe una voz conocida y, para ella, muy agradable.
       -Jayce… - dice antes de abrir los ojos, esbozando una sonrisa tan natural y franca que llega a sentir dolor al expresarla.
       -Te ves cansada… ¿Pasó algo? – Probablemente Jayce conoce la respuesta a su pregunta. Doun, su hermano mayor, era un patán con las mujeres y un acosador sin medidas cada vez que se encontraba con Isis. Había escuchado que al regresar los diez invasores, Isis y Doun habían sido los primeros en salir.  
       Isis logra leer en los ojos del joven que él sabe lo que ha ocurrido con su hermano, de alguna forma, y prefiere ahorrarse las irritantes explicaciones y los detalles de su misma traición.
       -¿Quién canta? – Pregunta con voz cansada. Es una voz femenina realmente impactante que proviene del cuarto habitación de Jayce. Él entiende que Isis quiere cambiar el tema y, amablemente, decide hacer lo mismo.
       -María Callas. – Responde invitándola a pasar con él. Tiene una caja sobre una pequeña mesa de madera que toca un disco tembloroso, y la música inunda la habitación, dándole un ambiente relajante y cálido. – Lo tomé cuando fuimos a la tierra de los humanos… ¿Te gusta?
       -Canta hermoso. – Jayce toma asiento al lado de Isis, quien se ha acomodado en un sillón de cuero guinda. En contraste de la presencia de su hermano, a Isis no le molesta estar cerca de Jayce, de hecho le agrada. Con él siente una comodidad que no habría cambiado por el mundo entero, siente que puede gastar su tiempo sin remordimientos, dejar de ver el cielo para vivir en él. Pese a la alegre e intensa voz de la caja, Isis suelta una lágrima traicionera que se escondía desde hace unas horas. Jayce la limpia con su dedo índice de forma delicada y un tanto dulce, mientras la mujer cambia drásticamente de tono y eleva su soprana voz hasta un punto que parecía inalcanzable. Isis se aparta de Jayce de inmediato por mero reflejo.
       -Isis… yo… Lo siento, no… no quise incomodarte. – Dice entre pausas nerviosas. Ella lo mira a los ojos, y la voz de María Callas se apaga de pronto para sus oídos que ahora se enfocan de lleno en el hombre frente a ella. Solo escucha su propio corazón palpitar intensamente, golpeando todo su cuerpo al unísono. Se acerca a él con lentitud, colocando su cabeza entre el hombro y el pecho de Jayce. Él la rodea con su brazo protector, como si la pudiera escudar de sus demonios, deseando quedarse así por siempre.  Ella posa su mano derecha sobre el pecho de Jayce, sintiendo su corazón tan feroz y apresurado como el suyo. Se encoge para acomodarse en el espacio del sillón de cuero y cierra los fatigados ojos para descansar de todo aquello que le carcome el alma.

---


       Jayce está dormido en su habitación. El disco negro aún gira en su caja, pero la música ha parado media hora atrás. Isis observa fijamente una ventana limpia que deja ver un cielo nocturno cubierto con nubes corpulentas que lloran gotas gruesas y gritan con truenos ensordecedores. En su mente rehúyen los miedos y retumba en su consciencia algo más que horror. Puede morir, lo sabe y le aterra.
       El frío recorre su piel. Ya no está cerca de Jayce y su calor no logra abrazarla. Decide salir de ese lugar mientras frota sus manos contra sus brazos para darse calor. Avanza con lentitud extrema por el mismo pasillo que recorriera horas antes. Se dirige a su habitación deseando dormir y rogándole a su subconsciente que no la haga soñar con lo sucedido aquel día. Está agotada y comienza a arrastrar los pies.
       De pronto, más allá de las gotas golpeando el suelo y los truenos partiendo el cielo, escucha una voz irritante y burlona que proviene de la habitación de Doun. Sus cinco sentidos despiertan alertas y se acerca silenciosamente a la puerta. Siente la presencia de tres personas.
       -Yo mismo la vi hacerlo… creyó que nadie…
       -Dijana. – Le interrumpe una voz profunda y serena. Es sumamente aterradora e imponente – Debiste haberlo previsto. ¿Existe una razón por la que no me lo hicieras saber antes?
       -Mi señor. – habla una voz femenina exageradamente tranquila y sensata. -  Las visiones que tuve a cerca de su traición no fueron reveladas por el beneficio que un silencio podría significar. Sin embargo, he de mencionar que la lengua suelta del señor Édago también estaba en mi conocimiento. Preferí, pues, que la información le fuera dada justo en este momento, no antes, mi señor.
       Traición… ¿Será posible? ¿Acaso ese cobarde de Doun les había dicho a cerca de la traición de Isis?
       -Mejor será que tu silencio lograse un cometido mayor. Mas si fallas… - se detiene.
       -Señor. Puedo mostrarle la razón de mi prudente disimulo… Pero no aquí.
       -Bien. – una pausa de tres lentísimos segundos - Señor Édago, puede seleccionar a un grupo pequeño que crea necesario para dar inicio a la cacería de Isis Crisvector. Ella está del otro lado de su puerta, escuchándonos, y si es juiciosa comenzará a huir en este momento.- Z vuelve a  hacer una pausa que parece eterna. -  Señorita Crisvector, queda usted expulsada de los ANBU, y el exilio, como usted sabe, significa la muerte.
       Su voz siempre tan serena y firme causa un escalofrío colosal en los otros presentes. El corazón de Isis se detiene por un momento. Su sistema nervioso se apaga por completo, y su cuerpo deja de responder. Aterrada, mira la puerta de madera vieja que encierra a tres poderosos seres que ahora mismo planean matarla. El tiempo se detiene, la lluvia enmudece su golpeteo y la luz abandona los rayos que caen sobre la tierra húmeda. El mundo muere por un segundo y el terror se apodera de los escombros.
       Inmediatamente su corazón estalla en una serie incontable de impactos que causan un tremendo dolor. Un trueno despierta su mente y revienta su alma torturándola sin piedad. El miedo huye de la pelirroja y su conciencia le grita con garganta ardiente: >>Corre<<.
       Con las fuerzas que le ha dejado la impresión, Isis comienza una carrera desesperada a través de los pasillos cenizos de aquel lugar que ahora no la reconoce ni la toma como una aliada. Exiliada… >>Y el exilio, como usted sabe, significa la muerte<<. Su voz es tremendamente aterradora, y resuena demoniaca en la cabeza de Isis.
       Corre con todas sus fuerzas, buscando ciegamente la salida de aquel lugar. No escucha pasos detrás de ella, pero el miedo le hace creer que los más peligrosos seres que forman aquella organización le pisan los talones.
       El agua comienza a mojar su cabello cuando sale de la estructura. Sus pies se hunden en la tierra mojada y su paso se vuelve más lento.
Doun se había dado el gusto de acabar con ella de la manera más cobarde que ella pudiera imaginar. Aprieta los dientes con fuerza y su respiración se agita y dificulta. Un odio indescriptible le llena el pecho reuniendo un grito encerrado que prende fuego a su garganta.
       Le da asco pensar en su nombre, ver su estúpido rostro rosado y sonriente condenándola de lleno. Su ridícula voz infantil acusándola para después deshacerse de ella.
       Y ya solo una cosa pasa por su cabeza mientras busca alejarse de aquella maldita torre. Debe hacerle pagar.
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