Elige tu camino: Las frías tierras de Ucrania con el clan Messiah, o bien, el infierno junto con el infame clan de demonios élite, los Setan. ¿Te atreves?
 
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 Pequeñas Crónicas

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SetanMaster
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MensajeTema: Pequeñas Crónicas   Sáb Sep 20, 2014 10:02 pm




Estos son pequeños relatos de corta duración sin mucho valor que Opeth ha recolectado a través del tiempo, por lo cual es muy fácil acceder a ellos.




Algunas reglas:
~Esta sección está exclusivamente para escribir One-Shots, si se quiere publicar una historia elaborada con varios capítulos, se deberá abrir un nuevo tema en el foro.
~Los relatos pueden tener comentarios del mismísimo Opeth. (Recuerdo muy bien lo que sucedió hace mucho tiempo, durante la Primera Guerra Santa, por decir un ejemplo). Esto no es obligatorio, y, en dado caso de que se quiera hacer uso de esta característica, los pensamientos o comentarios deben ir al inicio o al final del relato y estar resaltados, ya sea con itálicas o en negrita. Igualmente Debe haber un espacio entre el comentario y la historia, un enter de margen o algo con que se pueda distinguir del relato (~, ****, ----, ____, por ejemplo), con el objetivo de no confundir uno con otro.
~Los comentarios hechos por Opeth deben ser coherentes con su personalidad (Clic aquí para ver la ficha), no deben ser demasiado sobre indulgentes, sentimentales o aduladores. Esto no significa que pueda reconocer la fuerza física de alguien por decir, sin embargo es muy diferente escribir algo como Antares, siempre con una gran y envidiable destreza para la batalla, así como una superior habilidad sobre los poderes que Siempre envidié a Antares por su enorme fuerza, capaz de derrotar a todo enemigo que se proponga con un solo dedo. Igualmente es amo y señor de los elementos, nadie los controla mejor que él. No intenten hacerlos parecer superiores de lo que son, es decir, no sean niños ratas con sus personajes, por favor. Si observo algún comportamiento de este tipo en el tema, tengo toda la libertad de borrar la historia
~Debido a que son crónicas escritas por alguien más, los relatos deben estar escritos en tercera persona, sí o sí.
~La única persona que tiene derecho a escribir sobre Opeth (es decir, utilizarlo como personaje principal en una historia), soy yo, SetanMaster, ya que es mi personaje y esta sección es dedicada y hecha por él.
~Si se quiere utilizar el personaje de otra persona, esto es con su previa autorización y siendo el dueño consciente sobre lo que se escribirá de su personaje. Si recibo un reclamo, tengo toda la libertad de borrar la historia (no importa que tan buena sea) y sancionar a quien la escribió.




SetanMaster
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SetanMaster
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Mensajes : 226
Fecha de inscripción : 16/07/2014

MensajeTema: Re: Pequeñas Crónicas   Lun Ene 12, 2015 12:53 pm

Larga Vida al Rey


Y, fue así, como Beltza se unió a nuestras filas...


-¿Lo han encontrado?-Preguntó la Dama Blanca al escuchar la voz de su pareja entrando a la cueva.
            Hamsa no tuvo fuerza alguna para hablar, simplemente se conformó con negar con la cabeza. Si articulaba palabra alguna, se quebraría. Y no podía permitírselo, no enfrente de Molly.
-¡No están buscando bien! ¡No puede ser que no aparezca! ¡Son todos unos inútiles! ¡No vigilaron bien las fronteras y por eso mi hijo despareció! ¡Y ahora no tienen el cerebro suficiente para encontrarlo!-Estalló la mujer repentinamente, mientras que un abrumador llanto se apoderó de ella.
-Molly…-Intentó tranquilizarla el alfa, acercándose.
-¡Aléjate de mí! ¡No fuiste capaz de mantenerlo a salvo! ¡Es culpa tuya!-Gritó, forcejeando e intentando inútilmente golpear al macho, que cada vez estaba más próximo.
-¡MOLLY! ¡YA BASTA!-Hamsa la tomó por los hombros con brusquedad y la inmovilizó-¡Tranquilízate!
            Las lágrimas siguieron cayendo del rostro de la afligida alfa, que temblaba.
-Solo… solo quiero a mi niño de vuelta-Contradictoriamente a sus acciones pasadas, se aferró al cuerpo de su pareja y continuó con su angustioso lamento.
-Lo encontraremos Molly, lo encontraremos-Le susurró acariciando su cabello. Después de unos minutos, se separó lentamente de ella-Debo irme
            Sin volver la vista, el alfa prosiguió su camino saliendo de la cueva. No supo cuanto tiempo anduvo, lo siguiente de lo que tuvo conciencia fue de estar en un claro iluminado por la luna llena.
            Una vez que se aseguró de estar solo, permitió que el peso de la situación le cayera encima. Cuando se dio cuenta, ya estaba en el suelo de rodillas, temblando y con un enorme nudo en la garganta. No pudo retener las lágrimas.
            A pesar de tener razones de sobra para sentirse abatido, se cubrió la cara con las manos, como un chico adolescente al que le avergonzaba su propio llanto.  El no era así, siempre se le había sido inculcado que un Saloumoon no podía, no debía ser débil… sin embargo la situación por la que pasaba era demasiado para él, su único hijo, de apenas cinco años, había desaparecido desde hacía poco más de tres días y no parecía haber progreso alguno en su búsqueda. Era como si se hubiera esfumado de la nada.
            De pronto, interrumpiendo sus lamentos, una presencia invadió el ambiente. Era pequeña, pero ahí estaba. Hamsa alzó la mirada y sintió como una piedra caía en su estómago: Un cachorro de tonos blanquecinos no definidos, lo observaba con sus profundos ojos amarillos desde la oscuridad del bosque, no muy lejos de donde se encontraba su padre.
-Alaihn-Susurró sin aliento. Hizo un ademán de acercarse… cuando, detrás del pequeño, unos enormes ojos rojos aparecieron. Hamsa se quedó petrificado el tiempo suficiente para observar como unas enormes fauces emergían de la oscuridad y tomaban bruscamente a Alaihn, desapareciendo en sentido contrario-¡NO!-Gritó nuevamente, transformándose e iniciando una maratónica carrera tras la sombra.
            No sabía ni a que seguía, solo podía guiarse por la poderosa aura que desprendía el otro, lo que lo llevaba a ningún lugar. La sombra saltó y se perdió irónicamente en medio de un claro desconocido para el alfa. Volteó para todos lados, pero no había rastro de la sombra o Alaihn.
-¡Alaihn! ¡Alaihn!-Gritó el lobo saltando hacia la luz y volteando a ver a todos lados-¡¿Dónde estás?!
-Aquí estoy-Respondió una voz de extraño timbre.  Parecía joven, pero al mismo tiempo adulta y poderosa. A quien no conociera al propietario se le haría imposible determinar su edad.
            Pero Hamsa no era de ese grupo, lo reconoció al instante, y supo en ese entonces que todo iba a muy enserio. Gruñó y bajó las orejas al ver como un joven pelirrojo salía de las tinieblas. El alfa pasó a su fase humana enseguida, aún teniendo los ojos enrojecidos debido a su llanto.
-¿Dónde está Alaihn?-Demandó saber, sin alzar mucho la vista-Devuélvemelo
-¿Alaihn? ¿Y que te hace pensar que yo tengo a tu cachorro?-Rió Beltza socarronamente, burlándose.
-Es suficiente Matthew, ya me harté de tus estúpidos juegos-El alfa aumentó la furia en su voz, claramente desesperado.
-Hamsa-Interrumpió Beltza, abandonando su sonrisa y pasando a una expresión lúgubre que helaba la sangre-Esto jamás fue un juego
            En medio de su anonadamiento, el alfa pudo sentir como una poderosa aura negra aparecía tras el, materializándose en una enorme figura que lo aprisionó e inmovilizó en menos de un segundo. Tal fuerza solo podía ser de alguien. Hamsa supo de inmediato que se trataba de Chaos Gespenst. A quien había desterrado de Luna Azul hacía poco más de dos años. El demonio lo sujetó con tan fuerte agarre que creyó que se le partiría la columna en dos.
-Solamente espera a que de la señal-Susurró el alfa intentando no mostrar el dolor que le producía el afiance de Chaos e tratando inútilmente de soltarse-Y mis guerreros vengan…
-He, he-Beltza alzó la mano, deteniendo su amenaza. Sonrió y señaló a su alrededor. Decenas de pares de ojos rojos aparecieron en toda la oscuridad-Olvidas que no vengo solo. Si bien no son mis subordinados, son mi familia y están de mi lado. He observado tu jauría, y estoy seguro que tus guerreros no les llegan ni a los talones a ningún Setan. Si los traes aquí lo único que verán es tortura y muerte. Un derramamiento de sangre no conviene a nadie, y lo sabes. Te propongo algo. Hagamos esto como verdaderos hombres. Una batalla, tú contra mí. A muerte. Si tú ganas, los Setan te devolverán a tu cachorro y no volverás a saber de nosotros nunca más, a menos que alguno esté unido a tu jauría y decida permanecer ahí
-¿Y si tú ganas?-Gruñó el alfa.
-Bueno, no estarás para verlo-Sonrió, y un coro de risas retumbó en el bosque-¿Sí, o no? Tómalo o déjalo. Eso, o puedes arriesgarte a traer a tus guerreros. Por favor, Chaos. Suéltalo.
            El Gespenst asintió y aflojó el agarre de Hamsa, el cual cayó de rodillas, dándose cuenta que había estado suspendido a varios centímetros del suelo. Se incorporó lentamente, y no necesitó hablar. Simplemente saltó hacia Beltza con un puño totalmente ennegrecido por magia oscura.
            Beltza lo esquivó por muy poco, pero distrayendo su atención lo suficiente como para que un segundo puño impactara en su estómago, que lo impulsó varios metros atrás. Antes de caer, el pelirrojo logró mantener el equilibrio y contraatacar desde su posición a una increíble velocidad, lanzando fuego por la boca como si de un dragón se tratara. Hamsa logró cubrirse la cara y pecho con sus brazos, pero no pudiendo evitar que estos se quemaran considerablemente. Si no hubiera sido por las inusuales vendas que llevaba en los antebrazos, probablemente se hubiera rostizado.
            El alfa formó atrás suyo un poderoso viento que, contradictoriamente, logró mitigar el fuego que salía de la boca de su contrincante. Seguido, unas cuchillas etéreas pero extremadamente filosas aparecieron en las manos de Hamsa, las cuales fueron lanzadas hacia Beltza. El pelirrojo fue capaz de esquivar tres de ellas, sin embargo las dos restantes impactaron una en el pecho y la última en la mejilla izquierda, formando profundos cortes. Pero eso no era todo. Las cuchillas, al contrario de lo que Beltza creía, no se desvanecieron, si no que, como si fueran boomerangs, dieron la vuelta y regresaron hacia el Setan.
            Pero Beltza fue más rápido, y, en una fracción de segundo, ya había conjurado una enorme nube de oscuridad que absorbió las cuchillas en sus fauces, mientras se convertía en un enorme animal, el cual corrió hacia Hamsa y lo embistió con una fuerza tan grande que lo arrastró hasta el final del claro, impactando con un árbol.
            Cuando al fin el denso humo se esfumó, tan solo en un instante, el Saloumoon sintió como si le tironearan la piel con algo extremadamente caliente. Lo único que podía ver mientras sentía ese agónico dolor era una especie de cuerda amarillenta, con resplandores rojizos que la rodeaban. Su sentido común le dijo que se trataba del arma más poderosa del pelirrojo, su látigo de fuego y electricidad.
            Beltza, en vez de seguir golpeándolo, prefirió rodear el cuello de Hamsa con el arma, levantarlo del suelo y atraerlo hacia sí en una acción sobrenatural para lo que debería ser un látigo ordinario. Pero no era un látigo ordinario, recordó el alfa. Cuando se vio a pocos centímetros de Beltza –aún con el látigo en el cuello ahorcándolo- y al fin pudo ver el interior de sus ojos, vio una maldad y rencor tan intensos, que pensó que probablemente moriría en ese momento, estrangulado.
            Sin embargo no fue así. El Setan gruñó y movió el látigo bruscamente y a Hamsa junto con él, arrojándolo, pero liberándolo.
-¡VAMOS! ¡PELEA HAMSA!-Le gritó deshaciendo en un ademán su arma. Y se lanzó contra él.
            Pero esta vez ninguno usó arma alguna, prefiriendo por el contrario una ardua pelea cuerpo a cuerpo. Hubieron patadas, golpes, rasguños, cabezazos e incluso mordidas. En un minuto de distracción, el Saloumoon aprovechó para golpear a Beltza en el estómago con un puño de viento, tan fuerte que lo dejó sin aire e hizo que cayera de rodillas.
            Fue cuando Hamsa vio su oportunidad, lanzó una poderosa patada que impactó en la quijada del Setan, haciéndole escupir sangre y lanzándolo por los aires. El menor quedó boca arriba, y, al abrir los ojos, pudo percibir a un enorme lobo de tonalidades marrones y grises saltando a gran velocidad hacia el.
-¡CRUSIO!-Vociferó el pelirrojo, deteniendo el ataque de su contrincante, perdiendo el equilibrio y haciéndolo caer.
            Era turno de Beltza. Igualmente como lobo, contraatacó al alfa, mordiendo en su cuello. Hamsa, aún aturdido por el profundo dolor que le había acosado segundos antes, pero que parecieron una eternidad, apenas tuvo tiempo de reaccionar para que el otro no atravesara su protección metálica y llegara a su yugular, rasguñando su hocico y zafándose de él por muy poco.
            El Saloumoon lanzó lo que pareció ser mitad rugido y mitad estruendo, lanzándose contra Beltza nuevamente. Esta vez la pelea fue tan reñida y ardua, que incluso los demás Setan temieron no encontrar un vencedor a la contienda. Rayos empezaron a golpear el suelo a una frecuencia tan alarmante que no podía ser solo coincidencia. Y no lo era.
            En un simple instante, ambas miradas se conectaron. Fue menos de un segundo, sin embargo, suficiente para que Hamsa pudiera penetrar la mente de Beltza y verlo todo. El alfa sonrió abiertamente y se separó abruptamente de la pelea que sostenía.
-Ahora lo sé, ahora lo sé-Rió Hamsa desquiciadamente, perdiendo por un momento los estribos-¡Ya conozco la manera de vencerte! ¡Lo he visto en tu mente! Ese día… el día en que fracasaste por completo cuando tu maestro, Baranguer, te entrenaba…
            Beltza se quedó petrificado. Ni siquiera tuvo conciencia de cuando las nubes de tormenta eclipsaron el cielo nocturno y una gran lluvia torrencial empezó a azotar el claro. Los rayos no cesaron, si no que se volvieron aún más intensos y prolongados.
            Hamsa mostró los dientes en una grotesca sonrisa, atacando nuevamente al lobo, el cual, para sorpresa del mayor, no hizo nada por defenderse, ni siquiera un vano intento de esquivar sus ataques. Aunque desconcertado, el alfa aprovechó esos minutos de ventaja para herir a su contrincante lo más que pudo. Con un poderoso zarpazo, mandó al Setan varios metros atrás.
            Con una lentitud desesperante, Beltza se levantó y alzó la vista sin hacerlo con la cabeza, pero no atacó. Parecía estar demasiado débil. Hamsa sonrió de nuevo. Estaba seguro de que ganaría, solo un golpe más, ya saboreaba el sabor de la sangre y victoria en la boca…
-Hamsa-Habló al fin Beltza, mirando al alfa directo a los ojos-No pensé que fueras tan ingenuo
-¿...Qué?-Gruñó el Saloumoon, borrando la sonrisa inmediatamente de su rostro.
-Viste lo que quisiste ver, Hamsa-Susurró, alzando la cabeza-Yo no tengo debilidad alguna
-Imposible, eso es imposible-Respondió el alfa en medio de otro gruñido-Yo lo vi, vi como fracasabas, vi como caías de rodillas delante de tu maestro sin fuerza alguna en medio de esa tormenta, vi como te sentías frustrado y desahuciado…
-Sí. Eso es lo que viste. O más bien lo que yo te permití que vieras. Todo a lo que tuviste acceso no fue mentira… pero tampoco fue lo que realmente sucedió. Claro que fracasé cientos de veces, pero al final logré mi objetivo esa noche.  ¿Creías que te dejaría penetrar en mi mente así de fácil? Caíste en mi trampa como un cachorro. La lluvia es un elemento esencial para mi más grande artilugio… igualmente la inmovilidad espiritual ¿Enserio pensaste que me había rendido y por eso no te contraataqué?
-¡¿De qué estás hablando?! ¡Estabas casi muerto!-Gritó el alfa, mostrando señas de pánico.
-No. No lo estaba. Y ahora es mi turno-Terminó Beltza, tomando un tono en la voz lúgubre y serio.
            Rugió, y pareció que todos los rayos que caían lo acompañaban, mientras de entre sus orejas aparecía un pequeño resplandor. El resplandor se extendió hasta la punta de la cola, recorriéndole la columna vertebral. Beltza rugió de nuevo, y, en medio de una cegadora luminosidad, lo que antes era una pequeña chispa era ahora fuego que cubría toda la parte superior del lobo. A pesar del torrencial aguacero que caía sin parar, las llamas no se desvanecieron, parecían incluso fortalecidas como lo que si callera fuera gasolina y no lluvia.
-Conoce el poder del Fuego-Fue lo último que Beltza dijo, antes de atacar, sabiendo de antemano –junto con Hamsa- que este sería el último enfrentamiento.
            Todo pasó muy rápido. Un salto, gruñidos, rasguños, mordidas… y, en menos de un minuto, ambos estaban tan exhaustos que no tuvieron otra opción que separarse.
            Estaban a pocos metros de distancia. Hamsa tenía heridas abiertas en todos lados, jadeaba y su vista se había nublado de tanta pérdida de sangre. Pero Beltza no estaba en mejores condiciones. La llama que había cubierto el cuerpo de Beltza estaba casi extinta, y ya no le quedaba fuerza alguna. Apenas podían mantenerse en pie.
            Solo se miraban a los ojos, esperando. Sabían que alguno de ellos tendría que caer tarde o temprano, vencido por el cansancio, siendo reclamado por las garras de la muerte…
            No pasó mucho tiempo hasta que se supo quien fue.
            Hamsa al fin agotó las pocas fuerzas que le quedaban en su debilitado cuerpo y cayó al suelo en un ruido sordo. Temblaba de pies a cabeza. Con extrema dificultad, movió la cabeza hasta volver a enfocar al Setan.
-Eres… eres igual que tu madre. Arrogante, cruel, déspota, manipulador… pero aún así, siempre logras lo que te propones. No lo entiendo-Susurró el Saloumoon con cada vez menos fuerza-Quizá nadie lo entienda nunca…
            El alfa se quedó estático y el silencio se hizo.
             Al fin Beltza pudo respirar con tranquilidad de nuevo. Se transformó en humano y se permitió caer de rodillas, ya sin fuerzas que le ayudaran a mantenerse en pie.
            Durza entró al claro. El Sombra observó la escena, y, al fijarse atentamente en Beltza, se dio cuenta de que su aprendiz hacía una representación casi exacta de él mismo al salir del castillo de Salvatore: exhausto, de rodillas, con la sangre en todo el cuerpo que era tan carmesí como su mismo cabello.
-Beltza-Habló el Sombra, acercándose al menor, que apenas pudo alzar la vista-Toma, la necesitarás por ahora
            Le entregó a Umbraine Verndari y se la colocó en el cuello. El profundo dolor que sentía se esfumó en un instante.
-Gracias, maestro-Dijo al fin levantándose. Miró el cadáver de Hamsa. Se sentía como si fuera simplemente un sueño-Lo logré, lo logré maestro
            Durza se limitó a asentir. Ahora Beltza sabía lo que tenía que hacer.
~
            Los territorios de Luna Azul yacían sumidos en un profundo silencio.  La niebla mañanera nublaba casi por completo la visión, haciéndola imposible a unos dos metros de distancia. El ambiente era normal para esa temporada del año, aún así lucía desalentador.
            Alexander Crisvector y James Vollmond montaban guardia a las afueras de la jauría, pensando, en total mutismo. Pero su tranquilidad no duraría mucho, cuando unas pequeñas pisadas rompieron la afonía del lugar.
            Ambos lobos volvieron la mirada hacia donde se había producido el ruido, y afilando la mirada lo más que pudieron, intentaron distinguir el causante de dicho sonido.
            Entonces lo distinguieron.
-¿Será… será posible…?-Masculló el Crisvector, asombrado.
-Hay que avisarle de inmediato a la Dama Blanca. Vigílalo, Alex, yo iré-Dijo James volviéndose y corriendo a toda velocidad.
            La cueva de alfas no quedaba muy lejos.
-¡DAMA BLANCA!-Gritó el lobo blanco entrando de golpe, importándole poco el permiso aún no dado por la alfa para entrar.
-James-Apareció Molly sobresaltada. Parecía no haber dormido nada.
-Lo encontramos.
~
            Alexander no había perdido la vista de su objetivo, sin embargo no pudo evitar voltear al escuchar a ambos lobos corriendo hacia él.
-¡ALAHIN!-Gritó la alfa transformándose, apenas visualizó al cachorro.
El pequeño, al ver a su madre, corrió lo más rápido que su edad le permitió, saltando hacia Molly y dejando lo envolviera en un nostálgico abrazo. Extrañaba demasiado el calor de esos amorosos brazos.
No pasó mucho tiempo sin que todo el alboroto despertara a los integrantes de la jauría, que se congregaron alrededor de la alfa y su hijo. Al fin todos respirarían en paz… pero nadie se dio cuenta de que faltaba algo.
-¿Dónde está Hamsa?-Preguntó al fin el Crisvector, haciendo a todos dar un respingo de duda y fijarse al fin la ausencia del alfa.
-Salió a buscar a Alaihn, ayer por la tarde, no debe tardar en volver…-Habló la hembra, sin embargo, fue interrumpida súbitamente por otro.
-Tienes razón, no tardará en volver-Dijo una lejana voz sin dueño.
            Todos los lobos se dirigieron en la misma dirección, observando como una sombra negra se materializaba, seguida por al menos veinte más.
-James, llévate a Alaihn de aquí-Ordenó Molly al chico al tiempo que se levantaba, el cual obedeció de inmediato.
            Las sombras siguieron avanzando lentamente, hasta llegar al lugar donde estaban los demás lobos, deteniéndose en una hilera uniforme. Los Setan y Ladrones de Almas miraron inquisidores y sin expresión alguna a los presentes, inmutándose poco por las diversas reacciones. Conocidos y desconocidos por igual conformaban las filas recién llegadas. Todos, sin excepción, en total calma.
            Unos pasos más se escucharon atrás de los recién llegados. Fue entonces cuando al fin mostraron expresión, sonriendo de una manera que helaba la piel. Abrieron paso a quien hacía las pisadas. Molly se quedó paralizada al ver de quien se trataba al que dejaron pasar,  y que traía consigo.
-Aquí está tu alfa-Gruñó Beltza, arrojando el cadáver de Hamsa a los pies de su pareja, quien miró el cuerpo sin vida de Hamsa-Un trato es un trato
            Molly no dijo nada, simplemente cayó de nuevo de rodillas ante el cuerpo del Saloumoon. Las lágrimas que anteriormente eran de regocijo al recuperar a su hijo se convirtieron en unas de profundo pesar y dolor.
-¿Qué… que harás con nosotros ahora?-Preguntó la mujer con pesadumbre, con la mirada fija únicamente en el macho que tenía delante suyo.
-Nada, mujer. No me interesa tu jauría en absoluto-Se dirigió el Setan hacia Molly, a la cual veía sin expresión alguna. Aún tenía sangre seca por toda la cara.
-Entonces… ¿Por qué?-La Dama Blanca al fin alzó la vista hacia el pelirrojo, aún con lágrimas en los ojos, pero con una postura tan solemne, digna de una reina.
-Mi conflicto era con Saloumoon, con nadie más. Su deuda está ya saldada, no me queda más que hacer aquí. No te haré daño ni a ti, ni a tu cachorro. Los hijos no tienen la culpa de los errores de los padres-Respondió Beltza, como si quisiera utilizar la última frase en su defensa propia, para justificar sus actos.
            Molly bajó la cabeza nuevamente, analizando sus palabras. No entendía en absoluto, hasta que recordó que Matthew Vollmond era hijo de nada más y nada menos que Kyrara Jëylls, a quien Hamsa había usurpado el puesto de alfa hacía años. La hembra dio un respingo al escuchar aquél potente grito.
-¡Shirohi Junsth! ¡¿Dónde está el?!-Demandó saber Beltza, mirando hacia todos lados-¡Que venga de inmediato aquí!
            Unos segundos de silencio inundaron el ambiente, hasta que un joven de cabello blanco se abrió paso entre la multitud, caminando solemne pero inseguro. A pesar de conocer desde niño a Beltza, siempre le había tenido profundo respeto y recelo al ser de los Setan más temidos.
-¿Me has llamado, Beltza?-Preguntó, acercándose al pelirrojo y quedando cara a cara. Era un tanto más bajo que el.
            Beltza lo tomó de los hombros e hizo que se volteara, de tal forma que toda la jauría lo podía ver perfectamente.
-Luna Azul, escúchenme-Habló el Vollmond en voz alta, pero sin necesidad de gritar. Toda la atención estaba puesta en él-Les presento a su nuevo alfa. Obedezcan y trátenlo como tal, pues a pesar de su edad supera en habilidad y sabiduría a muchos de ustedes. Suerte y prosperidad en tu mandato, alfa.
            Dicho esto, se dio la vuelta y caminó, abandonando lo que alguna vez fue su hogar, y, tal como lo hizo el Akakage alguna vez, cediendo el puesto que debía pertenecerle por derecho propio.
            Beltza Setan, quien alguna vez se llamó Matt Vollmond, se perdió entonces en la niebla quizá para siempre.
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MensajeTema: Re: Pequeñas Crónicas   Miér Ene 14, 2015 11:58 pm

La Nueva Marioneta


Matt, aún con sangre en la boca, caminó solitario por la dimensión de la playa, hasta perderse y entrar al territorio de quien nadie se atrevía a entrar.
La sombra que había aparecido y desaparecido en la arena lo esperaba en la boca de la cueva. Cuando abrió sus ojos, un poderoso azul claro contrastó con la oscuridad del lugar. Eso fue suficiente para que Matt distinguiera a la perfección de quien se trataba.
-Maestro Durza-Dijo el chico con una voz respetuosa y seria. 
-Lo has hecho muy bien, Matt-Respondió el Sombra con su voz rejuvenecida.-Ahora sígueme, que falta el paso más importante
Durza se adentró en la cueva. Matt titubeó, nunca se había atrevido a meter un solo pie ahí, lo consideraba una enorme falta de respeto, y, aunque no lo quisiera admitir, le producía cierto temor.
-No te preocupes, chico, yo sentí lo mismo cuando entré por primera vez-Habló una voz que provenía desde arriba. El adolescente dio un salto y miró hacia la rama de un árbol altísimo. Ahí lo observaba un único ojo rojo tremendamente vivo.
-¿Ah, sí? ¿Y qué tal todo?-Respondió Matt, tranquilizándose un poco al observar a un igual
-Todo saldrá bien, confía en mí-El demonio no sonrió, solo siguió escrutando al otro con la potencia que podrían tener miles de miradas. 
Aunque se le hacía tremendamente difícil confiar en alguien como Folter, el pelirrojo asintió y al fin decidió entrar. Al caminar dentro sintió una energía negra muy poderosa rodeándolo casi al instante. A pesar de la oscuridad, vio perfectamente a su maestro esperándole. Cuando le alcanzó, ninguno habló, simplemente siguieron su recorrido.
Matt no supo muy bien cuanto anduvo, parecían horas y minutos al mismo tiempo... sin embargo, lo que si sabía era que el aura negra aumentaba cada vez más... Entonces la negrura se hizo casi total cuando llegaron a lo que parecía ser el final de la cueva. 
Entonces el Sombra se detuvo, se hincó y le hizo un ademán a Matt para que lo imitara. Cuando el menor se arrodilló, unos penetrantes y profundos ojos rojos aparecieron en la oscuridad.
-Señor Shashuke, el muchacho ha logrado cumplir su misión-Habló Durza
Shashuke no respondió, simplemente se incorporó de donde fuera que estaba sentado y caminó hacia ellos.
-Levántense, ambos-Ordenó.-Matthew, ven aquí
El chico obedeció, se acercó hacia Shashuke. El lo recibió poniéndole una mano en el hombro y señalándole la pared que marcaba el final de la cueva. Apenas alzó el brazo, una luz sobrenatural iluminó el espacio. Matt se quedó sin aliento. Ahí estaban los rostros tallados de muchas personas, mirándolo con un inquietante realismo. En medio de todos estaba un extraño símbolo. El pelirrojo se quedó un tiempo observando el extraño mural, dándose cuenta que algunas de las caras le resultaban conocidas: Chaos, Folter, Stolz, Séneca, Durza, Hannibal, Hiroki... pero había otras que no tenía ni idea de quienes se trataban. 
Cuando volteó se dio cuenta de que habían muchos más ojos viéndolo de los que creyó. 
-Comandante-Habló Shashuke secamente. 
Entonces, como si una fuerza sobrenatural lo hubiera empujado, Matt cayó hacia atrás y sintió como un enorme poder penetraba en su cuerpo. No gritó, solo sintió rígido su cuerpo y sus ojos quedaron en blanco, mientras convulcionaba ligeramente. De nuevo no supo cuanto tiempo pasó, solo se enteró que ya había acabado todo cuando dejó de temblar. Matt abrió los ojos, y sintió una extraña y poderosísima energía en él.
Un pequeño ardor le hizo bajar la cabeza y observarse el pecho, donde yacía como nueva la misma marca que había en la pared. No era un tatuaje, tampoco una escarificación, simplemente estaba ahí, como una marca de nacimiento que debía haber tenido desde siempre. 
-Bienvenido al clan Setan, Matt-Canturreó la voz de Séneca.

El chico lo entendió. Ahora era Matthew Vollmond Setan.
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SetanMaster
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MensajeTema: Re: Pequeñas Crónicas   Sáb Ago 08, 2015 4:58 pm

El Principio de las Tinieblas

Las huellas en la nieve son cubiertas rápidamente, tan rápido, que han pasado apenas unos segundos cuando ya no se puede seguir el rastro.
Suspira y un espeso vaho asoma de su boca y flota durante unos instantes antes de hacerse uno con el viento.
El paraje silencioso y solitario es desolador y parece no augurar nada bueno para quienes pasan por aquél sendero, y sin embargo para nuestro viajero es el mejor indicio de que no falta mucho para llegar a su destino.
A duras penas logra alzar la cabeza y afilar la mirada. El frío le obliga a cerrar los ojos nuevamente, sin embargo ha sido suficiente. Lo ha visto, y la certeza de su descubrimiento le hace reunir fuerzas para continuar.
Camina sin mirar su ruta, sabe que ha llegado cuando sus pisadas no se hunden en la nieve y pisan suelo firme. Al fin se atreve a abrir los ojos, y el ardor es tan intenso que los cierra de golpe y maldice.
Cae de rodillas y se arrastra adentrándose en la cueva a la que acaba de llegar. Pronto nota como la temperatura asciende a medida que avanza.
-¡Lord! ¡Aparezca Lord! ¡Se que está ahí!-Vocifera. Se sorprende a sí mismo lo firme y gruesa que suena su voz para el cansancio y el dolor que carga-Lord... aparezca
Está a punto de sucumbir al agotamiento, no puede más.
-¿Quién llama a mis puertas?-Una voz sin dueño, que retumba en los ecos de la cueva y parece provenir del viento.
-Karnak Raimsayn, Lord, mi nombre es Karnak Raimsayn-Responde, invadido por una fuerte sensación. No está seguro si es emoción o miedo. Se dice a sí mismo que quizá son ambas.
-Karnak Raimsayn, no eres de por aquí, tus tierras se localizan en Germania ¿Me equivoco?
-No, Lord. Soy un forastero. Vagué sin rumbo durante meses siguiendo únicamente rumores y leyendas de mis hermanos lugareños. Vine a buscarle a usted, Lord-Sin saber como, se ha logrado poner de rodillas, cada vez tiembla menos. El cansancio está siendo reemplazado por cólera.
-¿A que has venido entonces, Karnak Raimsayn? Relata tu historia, y ayudaré a tu causa
-Es mi clan, Lord-Es de esa manera en la que, con las últimas fuerzas emergiendo, inicia su relato.
Se visualiza como un chico no mayor de quince años. Su clan domina tres de los cuatro puntos cardinales de Germania, norte, sur y oeste. Son poderosos, temidos, respetados y venerados. Nadie se atreve a retarlos, y a cambio ellos mantienen la paz en su territorio.
No hay nada que enorgullezca más a Karnak que pertenecer a su familia, y al morir su padre en guerra, ser el heredero directo al trono.
Pero entonces la desgracia llega.
Los recuerda perfectamente. Los nuevos inquilinos que han llegado a poblar la zona salvaje del este son de altura considerable, tienen orejas en punta con numerosos pendientes y visten ropajes extraños y extravagantes. Nunca ha visto criaturas como aquellas, pero según lo que ha leído acerca de los elfos, deduce son de esa raza, aunque no de completa pureza.
Con muy poco fluido alemán, se comunican con el señor del clan. Buscan alianza. Antioch, aunque rígido y firme, es un soberano justo y sabio, por lo que acepta. Karnak maldecirá durante toda su vida el momento en que su abuelo y el líder de los elfos se dieron la mano.
Al principio, el joven Karnak no tiene nada en contra de los nuevos aliados, y sin embargo -al igual que el resto de su clan-, no le da el visto bueno a ciertas tradiciones elficas, y no le agrada en absoluto la más blasfema de todas: el interactuar con mortales.
El soberano anterior del clan Raimsayn había prohibido esta práctica, y sin embargo, el mismísimo Antioch es vencido por la curiosidad de conocer aquello que los humanos llaman amor, desobedeciendo por completo el dictado de su propio padre.
Es entonces como esa idiotez propia hasta ese momento de humanos y elfos, el tal amor, llega a difundirse entre los Raimsayn. Si bien Karnak no sabe de quien fue la idea del primer matrimonio entre clanes, no puede concebir la idea de ver a su viuda madre uniéndose a un elfo mestizo.
Pero el mal apenas inicia.
Los otros Raimsayn siguen el ejemplo. Para la siguiente generación la sangre limpia en la familia es tan escasa que se puede contar a los puros con facilidad aunque el clan ocupa casi toda Germania.
Sin embargo en ese momento nadie comprende la magnitud del problema. No es hasta que la primera epidemia azota con todo cuando Karnak y Antioch se dan cuenta de que están en graves apuros.
El clan siempre ha sido sano y gozado de perfecta salud... hasta el momento en que se mezclaron con los impuros, los cuales trajeron consigo enfermedades raras y mortales que merman a todo el clan y arrasan con vidas rápidamente. Es así como perece la madre de Karnak y el mismo Antioch.
Sin la edad suficiente para gobernar, el joven príncipe es despojado de su derecho al trono, el cual ocupa el líder de los elfos.
Los Raimsayn sobrevivientes que aún conservan su pureza son asesinados para evitar una rebelión.
Karnak logra escapar. No tiene idea a donde va, vaga sin rumbo fijo hasta llegar hasta las callejuelas de Toledo, donde una mujer acusada de bruja y tratos con el diablo lo recibe. Karnak le cuenta su historia. Ella le revela sobre la existencia de una cueva en Siberia, donde según la leyenda habita Hades, quien concede favores a quien cree digno.
Es así como ha llegado hasta ese lugar.
Termina su relato, con las palabras saliendo a fuego, totalmente incorporado, de nuevo está temblando, pero más por la furia que por el frío.
-Bien, Karnak Raimsayn. ¿Qué favor deseas pedirme?-Habla de nuevo la voz, apenas el chico calla.
-No vengo a pedirle ningún favor, Lord, si hay algo que sobrevive de mi familia en mí es el deseo de lograr las cosas, vengo a pedirle que me instruya, que me enseñe el arte de la guerra y la venganza, que me dote de sabiduría y que al final tenga lo necesario para poder limpiar la memoria de mi familia-Sin darse cuenta, Karnak se ha levantado y ha caminado hacia el interior de la cueva. Su respiración es tan pesada que hace eco en las paredes de la caverna.
Silencio.
-Radamanthys, Aiacos, Séneca, Kyo, Chaos, Folter, Carzo, Antares, Caleb, achten sie epithymía tou curam velle Karnak Raimsayn-Mientras la voz habla en un idioma desconocido, de la oscuridad emergen ocho figuras diferentes, con el único parecido de dos enormes cuernos al igual que alas negras.
Si Karnak no se equivoca, esos son Ladrones De Almas, los Setan.
No es necesario que pronuncien palabra alguna, el chico entiende perfectamente que debe seguirlos y acatar sus órdenes.
-Gracias, Lord-Dice mirando al fondo de la cueva antes de darse la vuelta y caminar tras los demonios.
Pasan los años.
Karnak ha cambiado. Si bien no ha visto su reflejo desde que dejó Toledo, puede notarlo en cada una de sus células. Su fuerza, su destreza, su sabiduría, al igual que su crueldad y sed de venganza aumentan con cada amanecer. Desde el primer día ha sentido como un par de cuernos crece por encima de sus orejas, ahora son tan grandes que ambas puntas rozan su frente. Ya no es el adolescente que siguió a los demás Ladrones De Almas fuera de la cueva, ahora se ha ganado un lugar entre ellos, es su igual. Ya no es su aprendiz, es su compañero. Ellos le han enseñado las artes oscuras que practican, al igual que la lengua en la que se comunican y la cual solo ellos hablan: el Nerghal. A pesar de ser un idioma en extremo difícil, Karnak toma fluidez y lo domina con una facilidad y velocidad increíble.
Se ha vuelto tan temido y poderoso que incluso ya cuenta con espectros de menor rango que han decidido servirle voluntariamente. Ya no lo llaman Karnak, ahora es nombrado como Ekenlat incluso por los demás Ladrones. Se ha ganado su respeto.
Cuando, tiempo después, pisa de nuevo aquella cueva en la que inició su viaje y pide a su líder que aparezca, este le menciona que está listo y que ya forma parte de los Ladrones De Almas. También le dice que, como criatura que evolucionó hasta convertirse en demonio, debe escoger su nuevo yo. Ekenlat decide que se tomará su tiempo para elegirlo, puesto que su venganza aún está pendiente y ese es un asunto de primera importancia para él.
De ese modo, liderando a su ejército de espectros, regresa a su natal Germania y desata una masacre. Hombres, mujeres y niños por igual perecen de maneras horrendas durante diez días y diez noches. Ekenlat no se arrepiente. Extermina a los elfos como ellos exterminaron a su familia y destruyeron todo lo que amaba. Pero ahora ya no ama, el amor y la culpa son dos sentimientos que ya no forman parte suyo.
En el onceavo amanecer, camina desde la capital del reino hasta el corazón de la misma, donde se encuentra el castillo. Quedan apenas quince sobrevivientes, la familia real. Ekenlat no puede evitar sorprenderse cuando descubre que el soberano sigue siendo el mismo que lo despojó de su derecho al trono. Pero este no lo reconoce, y a Ekenlat no parece importarle, esperaba esa reacción.
Después de encargar a sus más fieles los asesinatos de los menos importantes, él se ocupa únicamente del aún líder, al que obliga a mirarlo a los ojos en todo momento cuando lo tortura por horas y posteriormente lo mata, susurrándole su anterior nombre original con el que lo desterró. El terror del elfo se puede ver en sus ojos aún después de su muerte.
En Germania reina el silencio.
Ekenlat ha vengado a su clan, y es tiempo de ocupar el lugar que le corresponde.
Caminando a pasos lentos hacia el trono, Ekenlat piensa sobre el nuevo nombre con el que se le conocerá. Ya lo ha escogido, se lo hace saber a los demás, indica que desde ese instante se le llame así y acuerda consigo mismo que no había mejor opción.
Antes de llegar al trono, se detiene frente a un ventanal y contempla su reflejo por primera vez en años.
Definitivamente es otro.
Después de un vistazo, sigue su camino. Mientras anda los últimos pasos, revive en su mente su nuevo aspecto: su cabello, antes castaño, ahora es una espesa mata ondulada y blanca que le llega a los hombros. Ya se esperaba los cuernos, también el poco tono muscular, siempre ha sido delgado y siempre lo será. Lo que no se espera, y que seguramente es el cambio más radical, son los ojos con los que se ha contemplado. No son aquellos inocentes de tonos aceitunados, ahora son afelinados y profundos, de un color dorado claro que refleja a la perfección toda la maldad que hay dentro de él.
Con la cabeza en alto, Elphias Diederich, primer patriarca de la poderosa legión, se sienta en su trono y empieza su reinado.
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